Lucrecia Enríquez Agrazar: De colonial a nacional: La carrera eclesiástica del clero secular chileno entre 1650 y 1810.

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HISTORIA 40:I, junio 2007, 217-220

Lucrecia Enríquez Agrazar: De colonial a nacional: La carrera eclesiástica del clero secular chileno entre 1650 y 1810. Instituto Panamericano de Geografía e Historia. México, 2006, 363 páginas.


En el ámbito de la historia de la Iglesia chilena en la época colonial, la mayoría de los estudios realizados en los últimos años no se han caracterizado por ser especialmente novedosos en materia metodológica y tampoco por la originalidad de sus planteamientos y conclusiones. De ahí que el libro de Lucrecia Enríquez que aquí reseñamos llame la atención, pues representa un revulsivo en ese campo más bien plano de los estudios de historia eclesiástica. Pero la obra de la actual profesora del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica trasciende aquella temática y de hecho es también una obra de historia social, de historia de la administración imperial y en último término de la forma cómo se gobernaba el imperio.

En lo específico la autora estudia la carrera eclesiástica de los prebendados y obispos de las diócesis de Concepción y Santiago en el período 1650-1810, por lo que la investigación se centra en las altas jerarquías del clero secular chileno. En ese contexto, trata de precisar quiénes eran los pretendientes a esos cargos; al mismo tiempo busca desentrañar la forma como se producían los nombramientos y a través de qué mecanismos se elegía a determinada persona. Dada la cantidad de sujetos involucrados, fue necesario el acopio de gran cantidad de información, cuyo manejo implicó un enorme desafío metodológico.

Lo primero que llama la atención al hojear este libro es la magnitud de la investigación realizada, la cantidad de documentación revisada y recopilada, que fue obtenida preferentemente del Archivo del Arzobispado de Santiago y sobre todo del Archivo General de Indias, sección Gobierno, Chile. En este repositorio encontró una fuente poco trabajada y clave para su proyecto, que correspondía a los acuerdos y consultas de la Cámara de Indias y de las Secretarias del Despacho sobre las designaciones de los postulantes a las prebendas y obispados de Chile. Uno de los grandes méritos de esta obra fue la sistematización y organización de todo el material recopilado, que, dadas sus características, difícilmente podía hacerse mediante fórmulas tradicionales. Le resultó indispensable trabajar el material computacionalmente, pero aquí tampoco la solución pasaba por vaciar la información en un programa organizador de datos cualquiera. Fue necesario hacerlo en un programa diseñado de manera especial para trabajar carreras administrativas de funcionarios y visualizar redes de relaciones entre los sujetos. Esta metodología la encontró en un programa desarrollado en Burdeos, Francia, por un equipo interdisciplinario e internacional, al cual la profesora Enríquez se integró. Su objeto era constituir una gran base de datos, conteniendo miles de fichas, para estudiar los funcionarios de la administración española del siglo XVIII. La base de datos en cuestión se denomina Fichoz y en ella están registradas, en archivos distintos, pero que se interrelacionan, las carreras vitales de las personas que tuvieron contacto con la monarquía.

En cuanto a lo central, el libro analiza de manera separada los dos obispados chilenos, pero sin perder de vista las relaciones y diferencias que se dan entre ambos en lo referente a los nombramientos. Así nos enteramos que en la segunda mitad del siglo XVII la diócesis de Concepción es considerada de inicio de la carrera eclesiástica y la de Santiago, desde comienzos del siglo XVIII, de ascenso. Sin embargo, la realidad o mejor dicho la presión del medio local hizo que en el tiempo variara esa connotación que la monarquía pretendió darles. De hecho, se produjo una acción de rebeldía o de desobediencia de parte de los nombrados naturales del reino, para hacer predominar sus intereses y no moverse de la diócesis que les interesaba. Esto también se relaciona con la dependencia de las diócesis chilenas del Perú, al igual como acontecía en otros campos. Hasta el siglo XVII, aquellas fueron gobernadas preferentemente por miembros del clero regular proveniente de los conventos peruanos. Pues bien, esa situación cambiará en el siglo siguiente, en donde la mayoría de los obispos fueron seculares y nativos del reino. En cuanto a los miembros de los cabildos eclesiásticos se da una situación parecida, con predominio de chilenos respecto a los foráneos y todavía más con una tendencia a favor de los locales de cada obispado. Esto último es especialmente significativo en el caso de Concepción, donde la presencia de externos a la diócesis es casi nula. Lo poco atractiva de las rentas y el manejo que el cabildo y el obispo hacían de las vacantes explican ese fenómeno, que resultaba contradictorio con la política de la monarquía que buscaba vincular los obispados de Concepción y Santiago en un sistema de ascensos mutuos.

Del mayor interés nos parece el estudio que realiza la autora respecto de la forma como se producían los nombramientos tanto de los obispos como prebendados de ambos obispados. El sistema no se entiende si no se tiene claro en qué consistía el Derecho de Patronato Indiano y de manera más específica el Derecho de Presentación, es decir, la autorización dada por la Santa Sede a los monarcas españoles para que propusieran al Papa los nombres de quienes ocuparían los cargos de arzobispos, obispos y prebendados. Existe una amplia literatura sobre el Patronato Indiano, sin embargo casi todos son estudios realizados desde la perspectiva de la historia del Derecho. Ahí es donde se encuentra uno de los importantes aportes de este libro, pues estudia el Derecho de Patronato en la práctica; analiza el modo como funcionaba el Derecho de Presentación; ve los mecanismos y elementos que influyen en la configuración de las listas de pretendientes, de las instituciones encargadas de confeccionarlas y de seleccionar los candidatos que integrarían las consultas que se elevarían al rey, para finalmente detenerse a explicar los factores que llevaban a este a inclinarse por determinada persona.

En relación con el proceso de designaciones, es iluminador el análisis que hace del papel desempeñado por la Cámara de Indias, con sus vaivenes a lo largo del tiempo, y de la Secretaria del Despacho de Indias, que en este campo tiene bastante importancia en la segunda mitad del siglo XVIII. Esta aproximación a los mecanismos se cierra con el estudio de la figura del confesor real, instancia clave de todo el proceso, por ser quien en definitiva toma la decisión, que el rey no hará más que refrendar. La labor de los confesores fue especialmente significativa entre 1700 y 1756, cuando el cargo estuvo en manos de los jesuítas. Durante ese período se vieron favorecidos aquellos que tenían contacto con la orden, sobre todo por haber estudiado en sus colegios.

Al iniciar esta reseña decíamos, entre otras cosas, que este libro en parte podía también considerarse un estudio de historia social. Esto porque a través de la carrera eclesiástica de los obispos y prebendados se analiza el comportamiento de las elites locales. Se muestra cómo el ascenso en la jerarquía eclesiástica no constituía un problema personal del postulante, sino que era una cuestión familiar, pues el cargo no solo era signo de prestigio individual, sino que definía la pertenencia de aquella a la elite. El éxito por acceder al cargo que tienen los postulantes locales en el siglo XVIII es una expresión de la fortaleza de las nuevas elites que se habían constituido; a partir de esa época estuvieron en condiciones de enviar sus propios agentes a la metrópoli y vincularse con los altos funcionarios encargados de confeccionar las ternas. De hecho, se da una lucha entre familias al interior de la elite por acceder a los cargos y los afectados recurren al rey como arbitro. El acceso a este les garantiza la perpetuación en los altos cargos de la administración civil y eclesiástica y la estabilidad de la familia al interior de la elite.

Este libro se origina en una tesis doctoral realizada en el Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en cotutela con la Universidad Michel de Montaigne, Bordeaux 3, y dado ese carácter es que el texto resulta a veces bastante denso, a pesar de estar bien escrito, de manera directa y simple. Las virtudes de la obra han merecido un justo reconocimiento al obtener el premio “Miguel Cruchaga”, que otorga la Academia Chilena de la Historia a la mejor tesis universitaria, y el premio “Ricardo Caillet Bois” 2005, concedido por el Instituto Panamericano de Geografía e Historia.

RENE MILLAR CARVACHO
Pontificia Universidad Católica de Chile