Micaela Navarrete A. y Tomás Cornejo C. Por historia y travesura. La Lira Popular del poeta Juan Bautista Peralta.

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HISTORIA 40:I, junio 2007, 177-184

Micaela Navarrete A. y Tomás Cornejo C. Por historia y travesura. La Lira Popular del poeta Juan Bautista Peralta. Colección de Documentos de Folklore, Santiago, Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares / Consejo Nacional de la Cultura y las Artes / Centro de Investigaciones Diego Barros Arana de la DIBAM, 2006, 461 pp.


Hace ya algunas décadas que la disciplina de la historia ha debatido la pertinencia de los “regímenes de verdad” que ha administrado en relación a las fuentes con las que trabaja. Si antes se asociaba la “veracidad” de las fuentes a la racionalidad (formal y argumental) que regía su discurso, o al prestigio social de las instituciones o sujetos que las producían, hoy tal paradigma ha ido cediendo terreno a una manera más crítica de evaluar la “verdad” que los documentos del pasado nos comunican. Por ello las consideraciones sobre lo humano y lo divino del poeta Juan Bautista Peralta (1875-1933) contenidas en este texto representan una contribución importante para el estudio de los últimos años del siglo XIX y las primeras tres décadas del siguiente, pues forman un importante corpus documental producido por un hombre de origen campesino, pobre, analfabeto y ciego.

La Lira Popular -título que dio Peralta a sus hojas impresas con poesías- es el nombre con que se ha designado en Chile a la totalidad de las poesías populares impresas en un pliego de papel. Estas generalmente iban acompañadas de grabados alusivos a las temáticas allí abordadas y cuyos autores se mantienen hoy en su mayoría sin identificar. Publicadas desde la década del 60 del siglo XIX hasta los años treinta del siglo siguiente, estas poesías tuvieron como cultores más renombrados, a más de Peralta, a Bernardino Guajardo, Rosa Araneda y Daniel Meneses, entre otros. Los versos contenidos en estas composiciones estaban destinados a ser recitados, pregonados y cantados en las diversas instancias de sociabilidad del mundo popular urbano, y su éxito era tal que llegaban a venderse tiradas de miles de ejemplares. De este modo, la poesía popular impresa vinculaba el mundo de la escritura y lectura con la tradición oral popular y campesina que los sectores más pobres de la población urbana conservaban y actualizaban en el nuevo marco que los acogía. Esta particular relación entre lo oral y lo escrito operaba con singular analogía a lo ocurrido en la Europa tardo-medieval y moderna, donde la introducción de la imprenta provocó que una serie de poetas populares escribiesen sus composiciones en pliegos de papel que eran vendidos en ciudades, caminos y pueblos. En este aspecto el caso chileno es tributario principalmente del ámbito español, de donde proviene la “décima”, sello formal característico de la poesía popular chilena. De todos modos, y como es evidente, en Chile este tipo de literatura popular adquirió formas -la décima espinela- y temáticas particulares, que dieron un tinte irreductiblemente local a sus producciones.

La presente compilación incluye la totalidad de los versos compuestos y publicados en la Lira Popular de Juan Bautista Peralta, que abarcan un período de tiempo que se extiende entre finales del siglo XIX y las dos primeras décadas del XX. El poeta, tal como aclara en su imprescindible estudio introductorio Tomás Cornejo, fue un hombre activo política y socialmente: estuvo asociado al Centro Social Obrero fundado por miembros del Partido Democrático y algunos trabajadores, luego tuvo un acercamiento a Luis Emilio Recabarren y sus compañeros, a los que abandonó para buscar alternativas de mejora para la situación del pueblo en Alessandri e Ibáñez del Campo. El poeta terminaría recibiendo con alegría (ya hacia el fin de su vida) a la República Socialista de 1932. Del mismo modo, Peralta participó en la redacción de varios periódicos asociados al mundo obrero, a la vez que, según se desprende de las noticias sobre su vida y de sus propias poesías, era un hombre vinculado a los diversos espacios de diversión y reunión que los sectores populares sostenían en la capital, como las fondas del barrio San Diego o de la ribera norte del Mapocho. En definitiva, era un verdadero pueta, sumergido en la experiencia vital que animaba y daba vida a los hombres y las mujeres de las clases populares, lo que otorga a su poesía un grado considerable de densidad histórica y, por lo mismo, densidad humana.

La presente compilación -como cualquiera de su tipo- ofrece en su misma configuración una propuesta de lectura. Los compiladores han optado por ordenar sus poesías según la temática abordada en cada una, dividiendo el texto en dos partes principales: versos a lo humano y versos a lo divino. Así se recogen estos dos grandes ámbitos de producción poética, que eran reconocidos por los mismos cultores de la poesía popular como separados y sometidos a normas estilísticas y poéticas particulares. En el primero de estos se incluyen -siguiendo la división temática propuesta por los compiladores- composiciones sobre el amor como “Quejas de un amante”, “El nombre de mis queridas” o “El recuerdo de una noche”.

También encontramos los “versos por literatura”, destinados a cantar la hermosura de paisajes naturales en un tono generalmente lírico y ensoñador:

El iris de la bonansa
En el espacio azulado
El rubio sol de la esfera
Deja el campo perfumado
(“Versos por literatura”, en pág. 65)

La vida social es otro de los tópicos de los versos a lo humano de Peralta, y al ser uno de los más recurrentes encontramos composiciones cuyos títulos ejemplifican la enorme cantidad de temas y situaciones abarcadas por el poeta: “Un ahorcado por aburrimiento”, “Los preparativos para la Pascua”, “Sobre el pillaje en Santiago”, “Sobre la peste bubónica” y “Un llamamiento a la abstinencia” bastan para ilustrar esta situación.

Los poemas sobre política, también muy numerosos, registran de manera muy interesante como el mundo popular vivía el acontecer político del país: así, por una parte, las contiendas electorales aparecen reflejadas en poemas como “La campaña electoral” o “El gran triunfo de Jerman Riesco”, pero por otra los conflictos sociopolíticos del período afloran en versos titulados “Lo que es la clase proletaria en Chile”, “Los monopolios odiosos en Chile”, “El conflicto social” y “Sobre la horrible matanza de Iquique” entre muchos otros. Mención aparte merecen los interesantes poemas dedicados a la política internacional del país y el mundo, como “Alianzas contra Chile” o “Los graves sucesos de la China”, que permiten aquilatar el modo en que un observador popular y su público miraban el escenario internacional.

Siguiendo todavía el recorrido temático propuesto por los compiladores para el canto a lo humano de Peralta, encontramos versos dedicados a la historia (tanto universal como nacional) que tratan sobre Cario Magno, las religiones de la antigua Grecia, las proezas de la Independencia de Chile, el incendio de la Compañía en 1863, o -ahora en un registro testimonial- el saqueo de Santiago el día 29 de agosto de 1891, entre otros temas.

En un registro más belicoso -y recogiendo la vieja tradición beligerante expresada en la narración (casi mítica) de la competencia entre los payadores Javier de la Rosa y el mulato Taguada- los versos entre poetas nos ilustran sobre la relación que los compositores populares mantenían entre sí y el nexo que establecían con su público, influencia recíproca que nos permite aquilatar el peso de su difusión en la sociedad de Santiago e incluso algunas regiones del país.

Junto con este tipo de poesía, hay algunas composiciones destinadas directamente a ser cantadas o recitadas, como los brindis, tonadas, cuecas y contrapuntos, cuya estructura poética es generalmente diferente a la de los demás poemas y cuyo tono es de celebración y picardía:

Yo brindo, dijo un lechero
Porque cuando voy pasando
A las niñas voi chiflando
I por mi corren lijero,
I me dicen ¡ai casero!
Venga un poco mas temprano
Yo me encuentro soberano,
Con toditas mis caseras;
Porque al pasar la lechera
Les aprieto bien la mano.
(“Brindis”, en pág. 226)

Pero junto con este espíritu festivo y jovial se encuentra también una enorme cantidad de producciones destinadas a relatar los crímenes, salteos, desgracias y fusilamientos que ocurrían en el país, composiciones que adquieren a ratos tonos lúgubres o melancólicos y que estaban destinadas a atraer al lector popular prometiendo informarle de modo verídico sobre sucesos horrorosos como los “Horrendos crímenes en Limache. En la comuna de Olmué, una anciana i su hijita muerta a machetazos, violación de una niñita de cuatro años”. Los versos por fusilamiento constituyen una rama interesante de este tipo de composiciones, pues expresan cómo el hombre popular concebía el crimen y el castigo, y cómo la actitud ante los criminales oscilaba entre la exigencia de castigo y la petición de clemencia para los mismos.

Los poemas de travesura y ponderación contienen versos dedicados a la narración de situaciones picarescas y divertidas, tal como aparecen en los poemas “Lo que le pasó al popular en un casamiento” o “Desengaño de un joven engañado por una vieja”. Hay también composiciones cuya temática es el pensamiento, como los “delirios de un pobre” o el satírico “Buenas cualidades de los marinos arjentinos”. Menos traviesos, pero muy similares, son los poemas de reflexión y crónica, como “Sobre el vicio del hombre” o “Los últimos momentos de Leon XIII”.

Y aún queda más: dentro del canto a lo humano de Peralta hay también varios poemas dedicados a la narración y descripción de situaciones y seres maravillosos, como “Horrible suceso. Una niña comida por un culebrón”, “Sobre la niña endemoniada y envuelta por un culebrón” o “Nacimiento de un jigante en el norte”.

En cuanto al canto a lo divino, cabe acotar que su producción es numéricamente muy menor que la de los versos a lo humano. Los compiladores han ordenado los versos según su adscripción a temas del Antiguo o del Nuevo Testamento. Así, hay poemas compuestos por Peralta dedicados a la creación del mundo y a otros diversos temas del Antiguo Testamento como el rey Salomón o el martirio de los macabeos. En cuanto al Nuevo Testamento, hay versos sobre la vida de Jesús desde su nacimiento hasta su crucifixión, así como versos dedicados al Apocalipsis o compuestos para ser recitados o cantados en velorios de angelitos. En definitiva, hay aquí un amplio material que permite acercarse a una religiosidad compleja y rica, cuyo sentido y significado ha sido investigado con seriedad por historiadores desde hace solo un par de décadas.

En las composiciones de Peralta encontramos retratos “representativos” de lo que para la época eran tipos humanos fácilmente identificables: el huaso, por ejemplo, le ofrece a su amada “un sandeal” y un potrero de papas, suplicándole:

Si no me quiere, perrita
Tenga lástima chanchita
De este pobre y fatal huaso
I recíbame en tal caso
Aunque sea feo y malo
Este último regalo
Que es un beso en este vaso
(“Los amores de un huaso”, pág. 48).

Este tipo social aparece también expresando la comicidad festiva popular en las fiestas patrias:

Dilijencias voi hacer
Por buscar una huachita,
Que sea linda i bonita
Para poder remoler
(“Los preparativos de un huaso”, pág. 72).

Si el huaso -como figura- representa el amor cómico, los aspectos menos graciosos del enamoramiento están expuestos por Peralta en los pensamientos de una mujer engañada:

Un abismo de ilusiones
Me presentaste farsante
Diciéndome soy tu amante
Con malignas intenciones
(“Sentimientos i maldiciones de una niña engañada”, pág. 59)

Así también en los consejos que una niña soltera dirigiría a las demás del pueblo:

Dile si se ha de casar
Hágalo cuando Ud. quiera
Pero ninguna lesera
Yo le puedo tolerar
Si me vuelve Ud. a embromar
Se va a joder a otra parte
I si insiste en pololiarte
Lo mandas cambiar bien lejos
I no olvides mi consejo
Que de paso vengo a darte.
(“Consejo de una niña soltera a las niñas de su pueblo”, pág. 84).

Vemos así cómo la capacidad poética de Peralta asume la tarea de reproducir discursos de diferentes tipos humanos en primera persona singular, lo que a nuestro entender expresa tanto su profunda conexión con la época en que vivía como su gran capacidad literaria. Esto es aún más evidente en los versos por fusilamiento, como la siguiente carta del reo Domingo Briceño a su esposa:

Tomo la pluma en mis manos
con deseos de escribir
I quererme despedir
De todo el suelo mundano.
Por orden del Soberano
Me ha sucedido esta cosa,
Mi muerte será afrentosa
Pero mi alma se humilla
I hoi triste de mi capilla
Le escribo querida esposa.
(“Carta del reo Briceño”, pág. 343)

Cuando así lo estima conveniente, Peralta incluso cree reproducir las voces de las autoridades, como por ejemplo la del recién electo Federico Errázuriz:

Las leyes respetaré
De nuestra amante nación,
Lo juro pues con razón
Que libertad les daré.
(“Las promesas del nuevo presidente”, pág. 118)

Estas composiciones nos permiten deducir que el estudio de estas poesías exige considerar la capacidad -y la voluntad- del autor de reproducir con algún grado de veracidad y “representatividad” las opiniones y discursos de sus contemporáneos. Ello nos coloca ante un autor que no es ingenuo, que maneja los distintos argumentos que se podían articular ante temas controversiales como la política, las costumbres o la religión. Por ello, estamos frente a una colección de documentos cuya complejidad es muy superior a la que una mirada quizá demasiado reduccionista nos hace creer sobre los sectores populares.

En este sentido, quisiéramos insistir en que las poesías aquí compiladas no constituyen únicamente una riquísima ventana de acceso a la vida y cultura populares de nuestro país, sino que además nos confronta a la sabiduría y la verdad de un hombre perteneciente a ese mundo. Estamos frente a un texto que merece un acercamiento no solo desde la “distancia” del estudio y el análisis disciplinario, sino también desde la “cercanía” que reconoce su valor de verdad, de testimonio tanto o más válido que otros de su época, de depósito de sentido. Las obras de Peralta contienen hermosos registros del pensamiento popular chileno, que invitan no solo a la constatación de su existencia, sino también a la reflexión contemporánea sobre los mismos. Así ocurre, por ejemplo, con el poema “¡Viva nuestra independencia!”:

En libertad nos dejaron
En mil ochocientos diez
Pero otros años después
Libres de los estranjeros
Cautivos son los obreros
Por el tirano burgués.
(“¡ Viva nuestra independencia!”, pág. 195).

Precedidas de un interesante prólogo a cargo de Micaela Navarrete y del ya mencionado estudio introductorio escrito por Tomás Cornejo, las poesías de Juan Bautista Peralta representan un aporte fundamental para todas las disciplinas humanistas y sociales, y constituyen un valioso rescate de nuestra sabiduría popular, aquella que dio sentido, como dijimos, a la mayor parte de la población del país. Ya no hay excusas -si es que algunas vez las hubo- para omitir este tipo de producciones en las narraciones históricas sobre el período, que muchas veces se presentan como investigaciones muy acuciosas y completas, pero que omiten sin más -y sin un argumento explícito- este tipo de fuentes.

Quizás el modo temático de compilación merezca alguna reflexión más crítica, pues complica el estudio del historiador, ya que las composiciones no están fechadas en los pliegos originales, y solo es posible relacionarlas a un marco temporal determinado al buscar poesías dentro del mismo pliego que versen sobre algún tema contingente como crímenes, fusilamientos o política, para de esa manera datar la totalidad del pliego. De todos modos, los compiladores han consignado al pie de cada poesía su pliego de origen, por lo que el historiador interesado en datar con cierta exactitud algunas composiciones no tendrá otra elección que cruzar datos hasta que pueda reconstruir todas las poesías contenidas en la hoja de origen y buscar allí alguna que le permita datar las demás. Por otra parte, este procedimiento no es siempre certero, teniendo en consideración que muchas composiciones eran reeditadas por los puetas en pliegos posteriores. Así, una compilación como esta no debe inducir al historiador a olvidar que los poemas allí contenidos fueron creados en un espacio de tiempo muy amplio, en años en que Chile vivía cambios importantes tanto a nivel político como social y cultural. Por tanto, creemos importante destacar que la cultura popular no es estática en el tiempo, por lo que el estudioso de la historia debe ser muy cuidadoso al acercarse a estos poemas desde una perspectiva que no asuma la temporalidad de sus producciones. Esto es evidente en los poemas sobre política, que reflejan las diversas opciones partidistas que adoptó Peralta en el transcurso de su vida.

La Lira Popular, antes solo de interés académico para algunos folkloristas, literatos estudiosos y bibliófilos, hoy adquiere una nueva dimensión ante el derrumbamiento de la manera excesivamente elitista de evaluar las fuentes de la historiografía tradicional. Esta revaloración de la poesía popular debe mucho a la labor de recopilación iniciada por Rodolfo Lenz, Raúl Amunátegui y Alamiro de Ávila, sin cuyo trabajo careceríamos de este valioso patrimonio, y al estudio y difusión que investigadores de distintas disciplinas han realizado en las últimas dos décadas, entre los que destacan los historiadores Maximiliano Salinas y Micaela Navarrete. Así, las poesías de Juan Bautista Peralta vienen a continuar la colección iniciada el año 1998 con la recopilación de la obra de la poetisa Rosa Araneda 1. No cabe sino esperar que tanto el Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares como el Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, ambos dependientes de la DIBAM, prosigan con la publicación de este valioso patrimonio cultural chileno, rescatando así las voces que animaron y dieron sentido a la vida de la mayor parte de la población del país hasta hace menos de un siglo.

MARTÍN BOWEN SILVA
Pontificia Universidad Católica de Chile

  1. Micaela Navarrete (compilación y estudio), Aunque no soy literaria: Rosa Araneda en la poesía popular del siglo XIX, Colección de Documentos de Folklore, Santiago, Biblioteca Nacional de Chile y Archivo de Literatura Oral y Tradiciones populares, 1998.