CGE, Compañía General De Electricidad: Cien Años de Energía en Chile 2005

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HISTORIA 40:I, junio 2007, 169-172

CGE, Compañía General De Electricidad: Cien Años de Energía en Chile 2005. Ediciones Universidad Católica de Chile. Santiago, 1905, 315 pp.

 


La historia empresarial es una rama de la historia económica, que en Europa y Estados Unidos tiene una larga tradición. Nuestro país no se ha quedado atrás en el cultivo de esta área temática y desde hace algún tiempo se vienen realizado importantes aportes en ese campo. Ha sido el Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica el centro que ha efectuado los aportes más significativos en la materia. Entre los diversos estudios en él elaborados podemos mencionar las obras sobre los empresarios José Tomás Ramos Font, José Tomás Urmeneta y Agustín Edwards. Y en lo que respecta a las empresas está la Historia de la Bolsa de Comercio de Santiago, la historia de Endesa, la de Gaseo y la del diario La Hora.

En consecuencia, en dicho Instituto existe una amplia experiencia en esta clase de investigaciones y cuenta con un cuerpo académico especialmente idóneo para llevar a buen término los respectivos proyectos. Todo esto se refleja muy bien en el libro la CGE. Cien años de energía en Chile 1905-2005, de los historiadores Ricardo Nazer, Juan Ricardo Couyoumdjian y Pablo Camus que ahora reseñamos. Esta es una obra muy valiosa, no solo porque reconstruye toda la existencia de la empresa, sino porque a través de ella podemos hacer un recorrido por la historia económica de Chile de los últimos 100 años. En el fondo es una aproximación, desde una perspectiva del tiempo largo, a la evolución cíclica de la economía nacional. Pero sobre todo nos da a conocer, la singular y esforzada aventura de un grupo de empresarios chilenos que, impulsado por un espíritu moderno, decidió contribuir al progreso del país llevando a las ciudades y a sus habitantes uno de los grandes avances técnicos del siglo XIX: la electricidad. Hablamos de una iniciativa compleja porque las dificultades y limitaciones para desarrollar y mantener la empresa en el tiempo fueron de tal envergadura que cuesta explicarse que haya logrado subsistir y que finalmente haya resultado exitosa.

El negocio de la electricidad se había iniciado en el país a fines del siglo XIX por iniciativa de empresarios privados, estimulados por el crecimiento económico y la expansión urbana. De manera bastante inorgánica se fueron constituyendo empresas eléctricas con el objeto de dar alumbrado público y ofrecer servicio de tranvías. La característica de ellas era la heterogeneidad de las instalaciones especialmente en cuanto a sus aspectos técnicos. Además, tampoco existían normas que uniformaran los servicios, por lo que en la práctica algunas generaban corriente alterna y otras continua, en ciclos y voltajes distintos. En ese panorama, en que se creaban empresas en la capital y en ciudades de provincia tanto para generar energía como para distribuirla, un grupo de empresarios, ingenieros y abogados, algunos con cierta experiencia en el rubro, decidieron a fines de 1904 organizar la Compañía General de Electricidad. Entre ellos se pueden mencionar a Juan Enrique Concha, los hermanos Claro Solar, Francisco Huneeus Gana, Domingo Víctor Santa María, Horacio Valdés y Rafael Edwards. A las capacidades profesionales que poseían se agregaba el hecho de que varios eran destacados hombres públicos; algunos con figuración política reconocida y en tiendas antagónicas, unos liberales y otros conservadores, pero que, en consonancia con los tiempos que se vivían, ello no afectaba las relaciones personales.

El 31 de enero de 1905 se constituyó la sociedad, con domicilio en Santiago y con un capital de 750 mil pesos en 7.500 acciones de 100 pesos cada una. Desde un comienzo la propiedad de ellas se dividió en más de 50 accionistas, aunque los principales fueron Francisco Huneeus Gana y Juan Enrique Concha, con 1.000 acciones cada uno y Ramón Subercaseaux Vicuña y su hermana María, con 650 y 600 acciones, respectivamente. El objeto de la sociedad era la adquisición y explotación de la Compañía de Fuerza y Alumbrado Eléctrico de San Bernardo, y de las compañías de similar nombre de Rancagua y Temuco. Además, solicitaría concesiones fiscales para instalar red en Chillan y de manera amplia hacer lo propio en cualquier punto del país para construir y explotar servicios eléctricos, y celebrar contratos con el Fisco y municipalidades para instalar y explotar servicios de alumbrado, tracción y fuerza motriz. Curiosamente, desde su constitución va a quedar determinada el área geográfica de influencia que tendrá la empresa durante gran parte de su historia. Por décadas y hasta hace pocos años, la Compañía se desarrolló en la zona central, al sur del Maipo y hasta la región de la Araucanía. Contribuyó a esa concentración un acuerdo con Chilectra firmado en 1920, en que se marcaron zonas de desarrollo de ambas empresas, fijándose el río en cuestión como línea divisoria.

La historia de la CGE sigue en su desarrollo la evolución cíclica que experimenta la economía nacional; por lo mismo, en aquella se pueden distinguir períodos muy marcados, que se corresponden con el comportamiento económico general y cuyas vicisitudes la condicionan. El haber señalado de manera tan clara esa relación es uno de los grandes aciertos de los autores del libro, pues más allá de la presentación del fenómeno, la descripción de los hechos hace pensar y lleva naturalmente a reflexionar acerca de las virtudes y defectos de las políticas económicas aplicadas a lo largo del siglo y de los inconvenientes y posibilidades encontradas por las empresas privadas en su devenir. Cuatro son los períodos que distinguen los autores en la historia de la Compañía. Uno corresponde a la etapa fundacional y se extiende desde 1905 hasta 1920. El segundo sería el de la consolidación de la Compañía y va entre 1921 y 1939. El tercero, coincidente con la modernización de los sistemas y distribución de la electricidad, se extiende desde 1940 hasta 1975. El último, el de la apertura de la economía y de la diversificación de la Compañía, que va entre 1976 y 2005.

En el libro se describen con detalle, y a partir de la documentación existente en el propio archivo de la Compañía, las alternativas por las que pasa la empresa en cada uno de esos períodos y se explica la evolución que experimentan los establecimientos que poseía en las diferentes zonas del país. Paralelamente, en apartados específicos, se entregan referencias al contexto general del país, al desarrollo del sistema eléctrico nacional y a las políticas económicas que incidían en la marcha del sector. Merced a esto es posible apreciar la estrecha relación que se produce entre las fluctuaciones de la economía nacional, las políticas económicas y la situación de la empresa. Así vemos como se pasa de una fase en que tanto el sector electricidad como la empresa gozaron de una libertad tarifaria y de inversión a otra donde el intervencionismo del Estado tiende a aumentar paulatinamente, controlando precios y limitando los ámbitos de inversión. En esta segunda fase cada vez adquiere más fuerza el planteamiento doctrinario que se oponía a que la electricidad fuera un negocio y se mostraba a favor de que se le diera el carácter de servicio de necesidad pública. No obstante, el ambiente pro socialista que predomina en los sectores dirigentes del país, que queda reflejado en la creación de la CORFO y su plan de electrificación nacional, en las regulaciones y fijaciones de tarifas, lo cierto es que la empresa fue capaz de adecuarse a los tiempos y de sacar el mayor provecho posible del nuevo escenario. No le resultó fácil a la Compañía el poder conciliar una rentabilidad que le generara algunas utilidades con tarifas que aumentaban con rezago respecto a la inflación.

Los autores presentan con claridad, justeza y fundamento el salto cualitativo que implicó el proceso de modernización y estatización que se desarrolla a partir de la CORFO y las consecuencias que esto tuvo para la empresa. Nos explican cómo ella, poco a poco, se vio obligada a concentrarse en la distribución de electricidad dejando la generación en manos de Endesa. Lo positivo de esa situación para la CGE fue que merced a un acuerdo con la CORFO, esta se comprometió a suministrarle energía eléctrica desde las centrales que tenía en construcción. Por su parte la empresa debía incrementar las inversiones en líneas de distribución, lo que la obligó a reorganizarse administrativamente modernizando la gestión empresarial. La parte negativa del acuerdo se relacionaba con la política tarifaria, pues en la práctica se acostumbró a fijar el incremento de los precios por debajo de la inflación. Esto desanimó las inversiones de las empresas del sector y en último término afectó a la oferta de electricidad en el país, generándose un déficit que llevó en determinados momentos a establecer restricciones en el consumo. Una solución transitoria de ese problema se produjo en el gobierno de Jorge Alessandri, al dictarse una ley que permitía el incremento de las tarifas y garantizaba su valor real en el tiempo. Ese cambio de política, sin embargo, fue solo circunstancial, pues tendía a predominar la idea de que el sector eléctrico debía estar en manos del Estado por su carácter estratégico. Estas ideas comenzaron a aplicarse en el gobierno de Frei Montalva, el que a través de CORFO adquirió Chilectra. Después, el gobierno de Allende consideró que todo el sector eléctrico privado debía pasar al Estado. La CORFO abrió un poder comprador de la CGE, pero debido a la actitud de los accionistas y de los trabajadores, inquietos por la posible pérdida de parte de los beneficios de que gozaban, esa iniciativa no logró concretarse antes del 11 de septiembre de 1973.

El último período que distinguen los autores se extiende de 1975 hasta el presente y en él la CGE, al igual que lo acontecido con la economía nacional y con el país en general, experimentó profundas transformaciones derivadas de la liberali-zación de la economía y de la privatización del sistema eléctrico nacional. Fueron años difíciles, sobre todo los primeros del período, en que el país debió luchar por superar los problemas derivados del gobierno de Allende y de la crisis del petróleo. A esto se agregó poco después la crisis financiera de 1982. En esos años la rentabilidad de la CGE fue escasa y en más de una oportunidad hubo pérdidas. Sin embargo, el Directorio, con mucha visión de las circunstancias, desde 1976 inició una política de inversiones que perseguía diversificar sus activos en otros sectores productivos. Para una mejor administración, en 1982 se decidió formar una sociedad de inversiones a la que se transfirieron las acciones de todas las sociedades vinculadas, salvo las de la CGE y de Gaseo, que formaron una sociedad anónima cuyo giro fue el servicio público de distribución de energía eléctrica y de gas. A partir de 1984 la Compañía reanudó su política de adquisiciones, tanto en Chile como en Argentina, centrándose en las empresas vinculadas a la distribución de energía.

En definitiva, el libro nos muestra buena parte de la historia de la electricidad en Chile y al mismo tiempo nos permite acercarnos desde una perspectiva diferente a la evolución económica de Chile durante el siglo XX. Pero, sobre todo, describe con detalle y analiza con agudeza lo que ha sido el devenir de una de las grandes empresas del país.

RENE MILLAR CARVACHO
Pontificia Universidad Católica de Chile